La tarde del sábado la dedicamos a contemplar nuestro presente, que es siempre ideal, pero ideal por construir, con fatiga y con sudor, con un punto siempre tentador de desilusión y de nostalgia del pasado.
Dejamos que nos acompañaran Esdras y los que volvieron del exilio para reconstruir Jerusalén. El salmo de la tarde, el salmo 126
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