La mañana del domingo sirvió para mirar el futuro que construimos cada día. Y es un futuro que va marcado por la fidelidad "a las cosas de siempre" y por un corazón que ha aprendido con los años a "estar" en las cosas de Dios, o más bien a "ver" las cosas que sólo ve Dios.
Nuestros maestros en saber mirar fueron Simeón y Ana, los profetas del evangelio de la infancia de Lucas que supieron reconocer en el pequeño niño la salvación de Israel.
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